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“…también navegó con el gran Hipólito Bouchard en 1817 acompañándolo en sus embajadas para que se reconozca a la República Argentina como tal. Una intensa amistad surgió entre estos dos admirables hombres que lograron el primer reconocimiento de la República en las islas Hawaii. Se sabe que Don Bouchard, más conocido como el corsario albiceleste , le dio abundante material para sus poemas. A.Lamberse plasmó en sus textos el espíritu aventurero de una época: “…sobre la madera curtida desplegando su velamen batiéndose en la bravura navega La Argentina… Extracto rescatado de la biografía “A.Lamberse: genio y figura” cuyo manuscrito se malogró con la inundación del Paraná de 1858. Documento cedido por la biznieta de A.Lamberse en línea directa materna, Doña Efraína López.
Uderzo, Goscinny y AlamBerse...

Edgar Allan Verse: El corazón del actor

Edgar Allan Verse (Paysandú, Uruguay, 19 de enero de 1922 -Londres, Argentina, 7 de octubre de 1979) fue un escritor, poeta, crítico, periodista y actor de nacionalidad uruguayo, aunque residió casi toda su vida en la República Argentina. Generalmente reconocido como uno de los maestros universales de la improvisación, del cual fue uno de los primeros practicantes. Considerado prácticamente el inventor del relato improvisado, contribuyó asimismo con varias obras al género emergente de la ciencia-ficción. Por otra parte, fue el primer escritor sanducero de renombre que intentó hacer del arte su modus vivendi, lo que tuvo para él lamentables consecuencias. Fue bautizado como Edgar Verse en el departamento de Paysandú (República Oriental del Uruguay) y sus padres murieron cuando era niño. Fue recogido por un matrimonio adinerado, Francisca y Juan Allan, de quienes tomó el apellido, aunque nunca fue adoptado oficialmente. Pasó un curso académico en la Universidad de la República y poste...
¿A.Lamberse podía mirarse en los espejos? Sus biógrafos se contradicen. Algunos aseguran haberlo visto ensimismado frente al retrato de Dorian Gay.

Serpiente sin cabeza

un soldado sin bandera un gladiador sin espada un torero sin capa un astronauta asfixiado un escritor analfabeto un historiador sin memoria un domador sin látigo un marinero sin brújula un boxeador sin guantes un fondo sin forma un narrador sin vos. (Sin firma, Paysandú, 1948)

MANIPULANDO (lo concreto) 01

Suya Nidia dio los últimos toques de aerógrafo a la varita de Mirinda. Cortó unas hilachas que salían del vestido y la hizo girar tomándola del bonete, muy despacio. La   recostó en su antebrazo y la observó de costado. Luego fijó sus ojos en el calendario Maya de la pared. Forzó su vista periférica para auscultarla, buscando una posible aura de ese maniqueo objeto. Las alas lilas propagaron en atmosféricas siluetas de bordes difusos, extendiéndose en borrones interminables, nubes en degradé que influenciaron el aire. Un smog benigno se expandió en el taller. Se emocionó inquietando su respiración. ¡Había encontrado otra! Se distrajo al creer   ver una sonrisa en la boquita pintada. Ingenua, cambió la mirada y   se concentró en   esos contornos carmesí. El rostro del hada recién terminada fue trazos de pintura sobre hule rosa recortado. Vio simple materia, tosca e inerte. Entidad inexistente. Sonrió. Y sintió suya esa criatura absurda,...
Todo empieza. (10.788 ac) Absul esquivaba las ramas bajas avanzando agazapado, impulsado por su instinto más animal. Podía escuchar sordos murmullos en el silencio de la noche húmeda. Los insectos se convocaban con chillidos y vibrantes zumbidos, reptando, volando, trepando.   Entre el follaje verdinegro de espinosas enredaderas, en el claro que antecede al pie del peñasco, reconoció los machos de la horda, agrupados y agitados, rodeando la entrada de la Caverna de las Mieles, que se hundía en las entrañas del monte Bayo. No paraban de gruñirse, propinándose a cada momento golpes de puño y empujones en el pecho, para volver a dispersarse, husmeando el aire, permaneciendo atentos a la piel de guanaco que cubría la abertura en la roca. Desde las profundidades de la grieta emergían quejidos, intermitentes alaridos de goce o dolor aparentes, que los inquietaban aún más, arremolinándose, mostrando los dientes, pateando rocas y yuyos, impacientes. Se observaban a si mismos ...