Lo descubrieron una tarde de abril. Lo delat贸 la nube de insectos, flotando a un palmo del r铆o. Todav铆a conservaba sus ropas, florecidas de su estancia submarina. Nadie lo conoc铆a, pero todos cre铆an recordarlo. Su cuerpo, robusto como un ni帽o ballena, sonriente y h煤medo, se obstinaba en permanecer flotando. No quer铆a abandonar el agua. Durante horas, una escuadra de buzos y bomberos trabajaron para retirarlo, hasta que finalmente, al abrigo de los reflectores municipales instalados no tanto para iluminar el rescate como para enmarcar la feria que ya se hab铆a formado en las inmediaciones del muelle, lograron retirarlo. Aunque a esa hora, ya hab铆a pasado a ser casi anecd贸tico. La fiesta estaba en su apogeo y a nadie le import贸 d贸nde hab铆an dejado el cuerpo, si en la morgue, el hospital o el cuartel. Rodeados por la muchedumbre cordial, todos se dejaban abrazar y festejar al calor de las copas hasta el amanecer, olvidados del origen de la fiesta. Muchas horas despu茅s, el so...