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El día que Allan Verse vio una bandada de pájaros = Diego Rodríguez Reis

  Au-dessus des vieux volcans, glissent des ailes sous le tapis du vent, voyage, voyage éternellement de nuages en marécages… 1 Jean―Michel Rivat; Dominique Dubois El día que Allan Verse vio una bandada de pájaros, un sábado otoñal de lluvia mansa aunque persistente, fue el inicio de una etapa de reflexiones filosóficas de su vida, acaso la única, cuya duración constó de unos veinte, veinticinco minutos, tiempo que duró la espera del colectivo que lo llevaría desde el puente Piedritas, en el centro, hasta Puerto Manzano, donde el artista angosturense residía en aquellos años. ―Si un pájaro cae en el bosque, ¿hace ruido? ―se preguntó en voz alta. ―¿Qué clase de pájaro? ―la voz lo sorprendió, tan profundas eran sus cavilaciones que había olvidado momentáneamente de que estaba esperando el colectivo con su amigo, Euclides “El Profe” Córdoba, docente de Educación Física y estudiante amateur avanzado de Filosofía. Allan Verse pensó unos segundos antes de admitir...
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El día que Alan vio una bandada de pájaros = Laura García Rodríguez

Usté dirá que no es posible, pero qué es lo imposible para alguien como Alan, acaso usté lo ha visto detenerse a reflexionar antes de... por eso le digo, es como le digo. Siéntese, tómese conmigo unos amarguitos mientras esperamos; quizá no sea hoy, quizá no sea mañana. No demos por perdido lo que ha alzado vuelo. Nada es imposible. Acá le cuento, casi de refilón lo vi, tardé en entender pero entendí. Me llevó mi buen rato juntar las ideas. Estoy seguro de que fue así. ¿Usté vio la tremenda bandada de pájaros? Ocupaban medio cielo con sus carcajadas y picos largos. Al principio llegaba esa risa desprolija, en el aire, una vibración que se iba metiendo en las clavaderas del techo; yo estaba arreglando el techo que con los últimos vientos se venía aflojando; y luego esa risa que se transforma clara en carcajada y las alas de todos esos pajarotes moviendo el cielo, oscureciendo el sol. Alan enloquecido gritaba es mi oportunidad, es como mi sueño y corría de un lado a otro tras los pájaros...

EL CADÁVER EXQUISITO DE ALLAN VERSE – IN MEMORIAN / Por Vivi Núñez

  Advertencia: todo lo abajo escrito es la verdad, parece... *** Así como hay quienes gustan de embarrarse, putearse, lesionarse corriendo tras una pelota, quienes atraviesan arroyos helados, sotobosque, cumbres, exponiéndose a fracturas, calambres y deshidratación para llegar a una meta, o quienes se sientan durante horas esperando que su oponente haga un movimiento, también existe por el amor al lápiz deslizándose sobre la hoja o el teclado marcándola, creando historias, contando, diciendo, un grupo literario en Villa La Angostura. Definir a Allan Verse es tan improbable como inútil. No puede decirse por ejemplo que se trata de un conjunto estable de participantes. Desde su origen incierto, por cierto, no ha sido otra cosa que un receptáculo de des-miembros aleatorios, ambulantes, inestables. Un cuerpo desmembrado. Ovillos de tendones, arterias, nervios. Se ha dicho ya que su nombre goza de ninguna inscripción en actas bautismales. Lo que deja su identidad gráfica a merced ...

El Día que Allan Verse se Subió a un Caballo (Escena 11)

Era un fatigado día de otoño, — ¡dije “otoño” y no están llorando! de esos en que el viento corre sin pausa y se lleva las palabras al galope. Imágenes, protuberancias del lenguaje para anticipar      paisaje                                                                                                 y clima inciertos.   Desde tempranito la multitud aclamaba el nombre de Allan, casi poeta (y casi todo) que había logrado conmover a las multitudes soltando sus textos en...

El Día que Alan Verse se Subió a un Caballo (Escena 10)

Alan Verse se subió a un caballo por pura escasez de otros medios. Necesitaba trasladarse de Puerto San Julián a Buenos Aires. Como el patrón le adeudaba tres jornales, accedió (de mala gana) a prestarle como parte de saldar su deuda, un penco bien negrito, claro no le dio el mejor. De todas formas, Alan aceptó. En una fría mañana y con la helada por todos lados salió a enfrentar semejante periplo. ¿Qué llevaba? Lo puesto, algo de comida (muy poca), una frazada, una bolsa de dormir heredada de un sobrino, que aburguesado había dejado de lado todo tipo de aventuras campestres, una zapa y algo que sobresalía de las alforjas. Fue pasando por distintos pueblos y caseríos. Comía lo que cazaba, pero siempre se las arreglaba para mantener al menos dos comidas. Lo que nunca faltaba era algún tintorro, no sólo era lo que lo calentaba por las noches, también lo hacían soñar, le permitían no sentirse tan huérfano. Esos recuerdos lo hacían llorar y alegrar, todo al mismo tiempo. Ya en algunos...

El Día que Allan Verse se Subió a un Caballo (Escena 9)

No recuerdo con exactitud la vez que Alan Verse se aposentó en un caballo, pero me remonta a haberlo conocido en la cancha como "el equino Verse", apodo que se dice que él mismo se puso para evitar que lo llamen burro o cualquier otra injuria que manchase su nombre. A pesar de tener una patada fuerte su paso por el Deportivo Jacobacci fue breve, se encontró cara a cara con el hijo del comisario, joven promesa del deportivo, que se divertía gambeteando defensores hasta que "el equino" lo ajustició quebrando tibia y peroné. Haberle entrado así en un entrenamiento le fue imperdonable, sobre todo para el comisario que lo andaba buscando con no muy buenas intenciones y así fue como el joven Alan emprendió su exilio para empezar una nueva vida. El hambre y las pocas ganas de esquilar ovejas lo llevaron a Andacollo, lugar donde conoció al artista plástico Charles Ruprest, famoso por esculpir todo tipo de jabones. Así fue como Alan comenzó su carrera como modelo de es...

El Día que Allan Verse se Subió a un Caballo (Escena 8)

La primera vez que Alan Verse se subió a un caballo fue por necesidad. Estaba varado en México, ciudad a la que había sido invitado para dar cinco conferencias sobre su obra, y a la que acudió gracias al reciente cobro de la herencia de su tía Eduvijes. La herencia apenas le alcanzó para comprar un pasaje de ida, al llegar, los organizadores le dijeron que había habido un error, que las conferencias eran sobre arquitectura naval y que el verdaderamente citado era Allan Vesre, conocido navalista ruso. Dicho esto le cerraron la puerta en la cara, nadie escuchó sus quejas ni solicitudes y fue expulsado a la calle sin explicaciones, ni indemnizaciones, ni el más miserable sánguche de miga. Luego de ingerir varios restos de tacos que los transeúntes abandonaban en la plaza (a quienes, cuando los veía empezar a comer les rogaba: “menos chile, wey”, pero ni modo) y animado por la profesión de su afortunado casi homónimo, se alistó en un crucero a San Lucas. Compró un potente filtro solar, sup...