El problema de Alan no eran las bandadas que se alejaban hacia ese horizonte irregular lleno de nubes o pasaban rasantes por la superficie del lago, a veces encrespado. Esas bandadas, negras a contraluz, eran para él, el terror que se aleja. El problema, digo, era cuando las bandadas venían. Cuando los pájaros pasaban de ser una línea punteada en el cielo a ser volúmenes, de no tener ni sombra a tener detalles como, por ejemplo, garras. Lo peor, lo peor de lo peor, era cuando las bandadas giraban en torno a su casa, primero en círculos altos y de diámetro considerable, que empezaban a reducirse en radio y altura. A al fin, como si fuera una de esas filas de objetos donde cada uno cae si cae el anterior, los pájaros se posaban en el alambre, uno tras otro, todos mirando hacia la casa, hasta casi completar el perímetro. Le dejaban, tramposos, el lugar del portoncito. Alan había intentado salir, antes de que se posaran y después de que lo hubieran hecho. En ninguna ocasión pudo. La bandad...
Au-dessus des vieux volcans, glissent des ailes sous le tapis du vent, voyage, voyage éternellement de nuages en marécages… 1 Jean―Michel Rivat; Dominique Dubois El día que Allan Verse vio una bandada de pájaros, un sábado otoñal de lluvia mansa aunque persistente, fue el inicio de una etapa de reflexiones filosóficas de su vida, acaso la única, cuya duración constó de unos veinte, veinticinco minutos, tiempo que duró la espera del colectivo que lo llevaría desde el puente Piedritas, en el centro, hasta Puerto Manzano, donde el artista angosturense residía en aquellos años. ―Si un pájaro cae en el bosque, ¿hace ruido? ―se preguntó en voz alta. ―¿Qué clase de pájaro? ―la voz lo sorprendió, tan profundas eran sus cavilaciones que había olvidado momentáneamente de que estaba esperando el colectivo con su amigo, Euclides “El Profe” Córdoba, docente de Educación Física y estudiante amateur avanzado de Filosofía. Allan Verse pensó unos segundos antes de admitir...