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Una jaula de plumas = Mónica de Torres Curth


El problema de Alan no eran las bandadas que se alejaban hacia ese horizonte irregular lleno de nubes o pasaban rasantes por la superficie del lago, a veces encrespado. Esas bandadas, negras a contraluz, eran para él, el terror que se aleja. El problema, digo, era cuando las bandadas venían. Cuando los pájaros pasaban de ser una línea punteada en el cielo a ser volúmenes, de no tener ni sombra a tener detalles como, por ejemplo, garras. Lo peor, lo peor de lo peor, era cuando las bandadas giraban en torno a su casa, primero en círculos altos y de diámetro considerable, que empezaban a reducirse en radio y altura. A al fin, como si fuera una de esas filas de objetos donde cada uno cae si cae el anterior, los pájaros se posaban en el alambre, uno tras otro, todos mirando hacia la casa, hasta casi completar el perímetro. Le dejaban, tramposos, el lugar del portoncito. Alan había intentado salir, antes de que se posaran y después de que lo hubieran hecho. En ninguna ocasión pudo. La bandada se levantaba medio metro, giraba medio metro, y volvía a su posición al minuto. Eso le daba pánico. Porque volaban plumas y porque se veían los picos abiertos, en un grito o solo abiertos. Y los ojos amarillos, que tenían un fulgor que iluminaba la casa como un amanecer. O un atardecer más bien, porque después venía la oscuridad. Alan se encerraba, bloqueaba las puertas y las ventanas, había puesto una chapa en la boca de la chimenea, se escondía abajo de la mesa envuelto en una manta y esperaba. Primero esperó horas hasta el primer éxodo, después un par de días, hasta que cayó la primera nevada y los pájaros se quedaron a vivir. Se comieron lo que había en el patio, picotearon la madera de los marcos de las ventanas y la puerta, y cuando el primer vidrio cayó, solo por efectos del viento, tomaron la casa. Meses después de la última nevada, cuando ya empezaban a amarillear las retamas encontraron a Alan. Estaba ovillado debajo de la mesa, con las uñas y el pelo crecidos por el paso del tiempo, seco por dentro y por fuera, y con algunas plumas rodeando el perímetro de la sombra de la mesa.

MdTC/ 2026

Fotografía: Mónica de Torres Curth

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